Tú sabes bien cómo se siente: esa presión pesada en el pecho y la flema que simplemente no se afloja, por más que tosas, como si cada respiración fuera un esfuerzo. Eso te hace sentir cansado, sin aire e inseguro, como si tu cuerpo estuviera trabajando en tu contra y la energía se fuera poco a poco.
En 48 horas sentirás cómo se abren tus vías respiratorias y la flema se afloja, permitiéndote respirar profundo y con calma, con más facilidad que antes. Sentirás más alivio y tranquilidad, y recuperarás el control de tu cuerpo, como si pudieras moverte y respirar libremente otra vez.